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¿Por qué nos resulta tan difícil meditar?

Actualizado: 27 de ago de 2019





¿Qué sucede con algo tan simple como es estar sentado, quieto y observando nuestra respiración que evoca tanto pánico, miedo e incluso hostilidad? A pesar de todos los estudios que demuestran los beneficios mentales, emocionales y físicos que se derivan de la quietud, parece haber un mayor número de personas que se resisten a probarlo.


Meditar puede ser, ciertamente, un reto, incluso más si no sabemos muy bien por qué lo hacemos. Puede ser muy raro sentarse ahí simplemente escuchando el incesante parloteo en nuestra cabeza. Además, nos aburrimos fácilmente si no hacemos nada durante mucho tiempo, aunque sea tan solo durante 10 minutos.


Después de años escuchando un gran repertorio de razones por las cuales a la gente le cuesta meditar, hemos abreviado la lista en unas cuantas:


1. Estoy demasiado ocupado. No tengo tiempo.



Ciertamente puede ser verdad si tienes niños pequeños o un trabajo a tiempo completo, y todo lo que esto conlleva. Sin embargo, aquí solo estamos hablando de tal vez 10 minutos al día. Muchos de nosotros empleamos mucho más tiempo leyendo el periódico o buscando cualquier información en internet ociosamente. Parece que no tengamos tiempo porque habitualmente llenamos cada momento de nuestra vida con actividades y nunca pulsamos el botón de pausa.


2. Encuentro verdaderamente incómodo estar sentado, inmóvil durante mucho rato.



Si intentas sentarte con las piernas cruzadas en el suelo, entonces sí, puede que llegue a ser incómodo. Pero en lugar de hacerlo así, puedes sentarte derecho en una silla firme y cómoda. También puedes hacer meditación caminando. La meditación en movimiento puede ser tan beneficiosa como la que se hace sentado.


3. Mi mente no deja de pensar:



¡No puedo meditar. Simplemente no puedo! ¡Mi mente no se queda callada: va de un sitio a otro! ¡Mis pensamientos me vuelven loco! Estoy intentando escapar de mí mismo, no mirar hacia mi interior. ¿Suena familiar?


Es sorprendente pero cierto que intentar que nuestra mente pare de pensar es como intentar parar el viento - imposible. Esta experiencia de notar la mente tan ocupada es muy normal. Alguien una vez calculó que por cada 30 minutos de una sesión de meditación puede que tengamos más de 300 pensamientos. Tras años de tener una mente ocupada, años de crear y mantener dramas, años de estrés y centrarnos en nosotros mismos, la mente no tiene ni idea de cómo permanecer quieta. No que tú no puedas apagarla cuando meditas, solo quiere decir que eres como cualquier otra persona.


4. Hay demasiadas distracciones. Hay demasiado ruido.



Lejos quedan aquellos días en los que podíamos desaparecer en una caverna y que nadie nos molestase hasta que un tiempo después pudiéramos emerger iluminados por completo. En vez de eso, tenemos que lidiar con los ruidos y las imposiciones del mundo que nos rodea. Pero no tenemos que dejar que esto nos sea impuesto. ¿Coches en el exterior? Bien. Deja que pasen, pero no te vayas con ellos. El silencio que buscas está dentro, no fuera. La experiencia de estar en calma es acumulativa: cuanto más te sientas, poco a poco la mente se vuelve más silenciosa, más contenta, al margen de cualquier distracción que pueda haber.


5. No le veo el beneficio.



Desafortunadamente, aquí es donde nos tienes que tomar la palabra. Algunas personas consiguen ver lo beneficiosa que es la meditación después de tan solo una sesión, pero para la mayoría de nosotros lleva más tiempo, puede que notes la diferencia en una semana, o tal vez en dos después de practicar todos los días. Lo que significa que tienes que confiar en el proceso lo suficiente para seguir ahí y continuar con ello, incluso antes de que consigas sus beneficios.


6. No soy bueno en esto. Nunca lo voy a hacer bien.



En realidad, es imposible fracasar al meditar. Incluso si te sientas 20 minutos pensando incesantemente en cosas sin sentido, eso está bien. No hay una forma correcta o incorrecta y no hay una técnica especial.


Lo importante es que te hagas amigo de la meditación. Es mucho mejor practicar durante poco tiempo y disfrutar en lo que estás. La meditación es un compañero de por vida, como un viejo amigo al que acudir cuando necesitamos apoyo, inspiración, y claridad. ¡Es algo con lo que disfrutar!


7. Todo esto no es más que una cosa rara de la Nueva Era que está de moda.



Ciertamente, es fácil perderse en el sinfín de promesas de felicidad eterna de la Nueva Era, pero la meditación en sí misma, es más antigua que las montañas.


En otras palabras, meditar no consiste en forzar la mente a estar en absoluta quietud. Más bien es soltar la resistencia a aquello que pueda surgir: dudas, preocupaciones, incertidumbre y sentirse inadecuado, los incesantes dramas, miedo y deseo. Cada vez que encuentres que tu mente va a la deriva o sueña despierta, recuerda el pasado y planea el futuro, simplemente vuelve al ahora, vuelve a este momento. Todo lo que necesitas es prestar atención y estar con lo que ya es. Nada más.


FUENTE: mindful.org

FOTOS: Freepik y Pixabay

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